viernes, 3 de junio de 2016

Pesca en Sri Lanka






Sri Lanka es un país que saca provecho de sus recursos naturales y siendo una isla, uno de los principales es el mar.

 

Probablemente una de las imágenes más conocidas de Sri Lanka sea la que veis a la derecha de este texto. Hoy en día es posible ver a estos pescadores pero desgraciadamente, o afortunadamente para ellos -no lo tengo muy claro-, están más por la labor de cobrar por la foto que por la de pescar pececitos. La citada foto es bajada de google, ya que no soy partidario de pagar por tomar fotos ni por otras muchas cosas más que considero debieran ser gratuitas o si no, no debieran ser.
   

 
Un método de pesca quizá no tan fotogénico y por eso menos conocido, es el que estuve viendo durante días en playa de Uppaveli, a sólo cinco kilómetros de Trincomalee, en el noreste de la isla. 
  Una red de dimensiones considerables es extendida por un bote a unos doscientos o trescientos metros de la playa. De cada extremo de la red parten sendas cuerdas que son recogidas por dos diferentes cuadrillas de pescadores, como si estuvieran realizando una competición de soga-tira.



Desde el bote que ha extendido la red, un hombre va dando instrucciones sobre cual de los lados debe de tirar con más ímpetu. La cuerda va siempre tensa y, cuando el movimiento de la ola lo permite, los pescadores empujan y avanzan hacia atrás al unísono, como si estuvieran danzando al ritmo del mar.

 
Unas veces la faena se desarrolla en una zona solitaria de la playa, y otras en la vorágine de la zona turística. Los pescadores son afables y les encanta explicar la labor que están realizando, te animan a tirar de la cuerda con ellos -esto es en beneficio mutuo- y posan encantados para los turístas y aún mucho más para las turistas.


Si al principio de la faena los dos extremos de la cuerda están bastante distantes, al final de la faena que viene a durar una hora se acaban juntando, mientras los peces más astutos o afortunados saltan por encima de la red para intentar morir de viejos.








El pescado es clasificado manualmente para de ahí ser distribuido. 
Parte pasa a los puestos de venta directamente, y parte es salado para posteriormente ser secado al sol.


Pero no todo el pescado es comestible, y algunos tienen la tremenda suerte de ser devueltos al mar antes de morir por asfixia. Posteriormente, un psicólogo marino se encarga de que superen  el trauma y no vuelvan a caer en la red.
  

 No hay vez que entre las redes no vengan varias objetos de plástico del más variado origen así como tampoco es raro ver tortugas entre los probables tesoros de la red. Éstas son devueltas al mar, pero no porque no sean de provecho o por piedad, sino porque si les descubren les cae una multa de órdago.

Después de la faena se recoge la red con mucho cuidadito para poder desplegarla sin problemas la próxima vez que toque extenderla. Si las condiciones lo permiten, se reparan los posibles desperfectos de la red, tarea que suele realizarse cuando el son castiga más duro, ya que aunque parece ser que no caen tantos peces en la red, trabajar a estas horas a pleno sol por estas latitudes sería casi un suicidio.



 

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