domingo, 8 de mayo de 2016

Sri Lanka. Plantaciones té.


Hasta mediados del S. XIX, Sri Lanka erá un país eminente cafetero, hasta que una plaga destruyó las plantaciones de café, llevando a la ruina a muchos de los productores.


Tres cuartas partes de estos, se volvieron a Inglaterra, y un tercio, decidió cambiar el cultivo de café por el de té, que por aquel entonces era minoritario. A partir de ahí, Sri Lanka -o Ceilán que fué su denominación hasta 1972-, pasó a ser un gran productor de té, llegando incluso a ser el mayor productor mundial.

Uno de los mayores hacendados era Thomas Lipton, que es el señor con el que estoy sentado en Lipton Seat, uno de los puntos más altos de las tierras en los que tenía sus cultivos y que tiene unas vistas que muchos quisieran tener desde el salón de su casa. Si te das una vuelta con ímpetu sobre tus propios pies, las vistas pueden llegar a ser incluso de más de 360 grados.


Hasta allí se puede llegar de varias maneras desde el pueblo de Haputale. Yo llegué en autobús de línea y según bajé de él, una familia de cingaleses me adoptó sin ni siquiera hacer dedo, y allá que subimos todos en su coche en alegre biribilketa.


   

Generalmente, el té que se produce en Sri Lanka es té negro, aunque también, en menor cantidad, producen té verde y té blanco.


La recogida se realiza a mano, y según cuentan, para que el te sea de buena calidad, han de coger por cada dos hojas, una yema.


El té, como todas las plantas, se desarrolla mejor en unas condiciones que en otras. Las tierras altas del centro de la isla, poseen las características idóneas para su cultivo.





Casi siempre son mujeres quienes realizan las labores de recolección de la hoja. Una vez finalizada la jornada, se procede al pesado de la cosecha y de ahí, a la factoría para proceder a su secado, tostado y empaquetado.





Y colorín colorado...


Para saber más: http://infusionistas.com/sri-lanka-la-isla-del-te/

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