viernes, 30 de octubre de 2015

Filipinas



https://www.youtube.com/watch?v=ObL3L6MRvN4

Filipinas





Sobre Filipinas... no tengo mucho que decir, y todavía menos fotografías que mostrar. Después de recorrer los paises budistas del sudeste asiático donde robar es algo inusual, en Filipinas me relajé demasiado. Este es un país eminentemente católico y lo de robar, aunque es pecado, no se observa con mucha devoción. Así pues, en un recorrido de autobús, dejé la cámara en un lugar accesible de la mochila y no la volví a ver nunca más.

En Filipinas es caro y complicado desplazarse. No solamente porque son más de siete mil islas, sino porque las carreteras no están en las mejores condiciones. Un recorrido de 200 km. suponía unas cinco horas de autobús. Con lo que, no me moví demasiado. Estuve solamente en tres islas, Palawan, Corón y Luzón, a esta última porque tenía que volver obligatoriamente para salir del país, que fué a la misma donde llegué.

La isla donde más tiempo estuve fué Palawan, sonde el acceso al sur no está recomendado, ya que la posibilidad de secuestro es bastante grande, con lo que, me limite a dos lugares del norte: Port Barton y El Nido.

En el primer lugar me dediqué sobre todo a la vida contemplativa, a nadar y pasear. En el segundo hice una de las cosas más subrayables en Filipinas, sacarme el Open Waters o, dicho de otra manera, el carnet para poder sumergirme con oxígeno hasta una profundidad de dieciocho metros. Cosa que recomiendo a todo el mundo. Lo que se puede ver en el fondo del mar, no es comparable a lo que vemos en la superficie. Definitivamente es otro mundo.


Uno de los recuerdos más agradables que tengo de Filipinas, es el recorrido entre las islas de Palawan y Corón, el cual realicé en un catamarán, que es el transporte que utilizan los nativos para desplazarse entre las islas. Es una embarcación como la que aparece en las fotografías más grande.

La mar estaba picada y la primera hora daba mucho respeto ver como saltaba esa embarcación de ola en ola. No solamente esto, oir crujir -literalmente- el barco, daba al viaje un carácter de odisea. Algunos se tumbaban en los asientos para evitar el mareo, y todos, sobre todo los guiris, estábamos con un pié preparado para saltar del barco si aquello se partía en dos.

No fué necesario llegar a este extremo ya que el mar se tranquilizó un poquito y pasamos de estar en mar abierto a un lugar más progtegido. A un auténtico abánico de pequeñas islas que protegían a la embarcación del mar abierto.

Cuando no llovía, incluso el sol se atrevía a salir, y aprovechaba para ir a la proa del barco que tenía una barandilla que permitía asegurarse a ella para en uno de los cabeceos del barco no caerse al mar. Allí estuve durante horas. Viendo bandadas... o bancos? de peces voladores saltando en el mar. No tenía ni idea que volasen durante tanto trecho.

Veía a uno y otro lado del barco como íbamos dejando atrás islas e islotes, siempre había alguna a la vista, casi siempre varias.  Cuando el sol aparecía se podía percibir lo que denominamos azul marino: profundo, brillante, inmenso.

Pocas veces en este viaje he tenido una sensación de libertad tan intensa . Me sentía el capitán Cook, Magallanes, Elkano, pero sobre todo me sentía el capitán pirata de la canción de Espronceda:


Allá muevan feroz guerra
ciegos reyes
por un palmo más de tierra;
que yo aquí tengo por mío
cuanto abarca el mar bravío,
a quien nadie impuso leyes.




Unos días antes había encontrado en la playa un mensaje en una botella. Al día siguiente de encontrarla, supé quien era la remitente. Era la hija de la propietaria de la cabaña donde me quedaba. Le había mandado a su profesora -fallecida unos meses antes- el mensaje diciéndola que la echaba de menos. Estaba convencida que el mensaje llegaría del mar el cielo, cosa de la que no tengo ninguna duda.

Y así pasó mi odisea filipina, donde los españoles dejaron un pobre legado que se puede apreciar en algunos edificios que restan de la época colonial y aproximadamente el treinta por ciento de las palabras que forman el idioma tagalo: mesa, silla, calabaza, tenedor, chinela...

Menos mal que nos queda Portugal.






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