lunes, 27 de julio de 2015

Pedaleando Vietnam

Pedaleando Vietnam

https://www.youtube.com/watch?v=ZuHIWnZG6lo


Pedalear Vietnam no te va a aburrir, todo lo contrario, va a ser tan emocionante que llegarás a desear poder aburrirte, el poder tranquilizarte, relajarte un ratito... sólo un ratito.

En Vietnam hay que pedalear con los seis sentidos alerta. Si bien es cierto que hay carreteras tranquilas en la que apenas hay tráfico, estas no son tantas y, aunque las haya, probablemente estén lejos de los lugares que quieres visitar. Muchas veces no hay opción, vayas por donde vayas siempre va a estar transitado, no en vano es el país más densamente habitado de la zona. Por otro lado, la morfología de su territorio a veces no ofrece muchas opciones. Haciendo un breve resumen, las carreteras del norte del país son las menos estresadas, así como algunas del interior y pocas, muy pocas del delta del Mekong.


Basicamente, el país tiene dos carreteras: la Nacional 1A y la Duong Ho Chi Minh. Las dos recorren el país de norte a sur o al revés. La Nacional 1A es una especie de autovía que recorre el litoral vietnamita, siendo esta la carretera más transitada con diferencia de todo el país. Para mas inri, actualmente está en obras en casi todo su trazado. La Duong HCM o HCM Road, discurre paralela a la anterior pero, por el interior del país. Esta última es más tranquila pero, según se va acercando al sur, el tráfico aumenta hasta llegar a ser un dolor de cabeza.


Lo del dolor de cabeza no es ninguna exageración, sino un hecho real. El conductor vietnamita pita. Todos ellos pitan para pasar. Pitan a cualquier hora del día y sin motivo ninguno la mayoría de las veces. La única excepción son los bicicleteros, que junto con el peatón vendrían a ser como la casta más baja de lo que se puede ver pasar por la carretera, estos dos últimos y los perros son los únicos que no pitan. Los más grandes y los que van con más prisa, son los que más pitan. Se oyen pitidos a todas horas, convulsivamente, pitidos estridentes, pitidos mantenidos, pitidos entrecortados, pitiditos, pitidos que te hacen saltar de la bicicleta, que te destrozan el tímpano y te ponen los pelos como escarpias y la carne de gallina. Quien no pita no es nadie en la carretera. Hay que pitar, pitar, pitar, pitar, piiiiiiiiiii piiiiiiiiiiiiiii peeeeeeeee  pi pi poooooooooo piiiiiiiiii pi pi piiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii puuuuOOOOOOOOOOO!!! No es algo a lo que uno se pueda acostumbrar así como así. En mi caso, después de tres meses pedaleando por sus carreteras, los pitidos seguían irritándome tanto como el primer día. Hay días que acabas atacado de los nervios de tanto pitido, profundamente estresado, con ganas de agarrar del pescuezo al próximo que te pite para pasar a pesar de tú ir bien pegadito a tu derecha y el, o ella, tener tanto su carril como el contrario despejados. Yo soñaba despierto con poder amarrar a un camionero con la cabeza bien pegadita a la altura del claxon y sentarme tranquilamente en el camión, y empezar a pitar, primero de una forma mantenida, luego entrecortada, después inventaría alguna melodía que ensayaría con el claxon. Así hasta que los ojos del camionero pitón estuvieran inyectados en sangre, luchando por salirse de sus órbitas, rogando por un poquito, solo un poquito de silencio. Cuando llegase a un punto cercano ya a la locura, le libraría de sus ataduras y le tendría a arroz duro y agua hasta que me escribiese 10.000 veces: "Nunca más volveré a amenazar con mi pito sin motivo a un indefenso ciclista". Eso sí, podría escribirlo en vietnamita si así lo prefiriera.


Lo de pitar es una mala costumbre resultado de la manera de circular que tienen los vietnamitas. En Vietnam la única norma de tráfico es que no hay normas. Esto pues es un caos total circulatorio. Allí te llegas a acostumbrar a ver cuatro o cinco en una moto, vehículos circulando en sentido contrario; no solamente bicicletas y motocicletas, sino incluso coches y, rizando el rizo, he visto hasta un camión circular en sentido contrario en una autovía. Afortunadamente, aquí no se suele circular a velocidades extremas, en ese sentido la gente es sensata, aquí el peligro te puede saltar en cualquier momento y forma e incluso ellos son conscientes. Te acostumbras también a que la gente no solamente hable por el móvil conduciendo, sino también a estampas como a un adulto circulando en motocicleta en sentido contrario, hablando por el móvil, y llevando a un pasajero -que ya podría el o ella haber contestado al teléfono- y uno o dos niños consigo. Si señor, con un par de pelotas! De esta manera, raro es el vietnamita que no tiene alguna cicatriz que mostrarte fruto de un accidente de tráfico.


A lo que tampoco llegue a acostumbrarme es a que se incorporen a la calzada sin ni siquiera mirar si viene alguien; el vietnamita tiene su lado suicida. Con niños o sin niños, hablando por el móvil o no, cargada la moto hasta las trancas o de vacío, con tráfico denso o con la calzada vacía; cuando el conductor vietnamita se incorpora a la calzada, es como si tuviera preferencia. Son además muy perros, si no miran, no te ven. Y no discuten. Con sonreir y no mirarte a la cara está todo resuelto, y te han hecho la faena del siglo, obligándote a frenar en seco o a desviarte de manera brusca poniendo en riesgo tanto su integridad física como la tuya. Te puedes cagar en lo más barrido y mentarle sus muelas, que no se le va a mover la cara. Primero te sonríe y después no te vuelve a mirar nunca más, dejándote allí a ti desenterrando muertos.

Hay que tener cuidado con los energúmenos que cruzan la calle sin mirar

En estos tres meses vi muchos uuuuuuyyyys! y algunos aaaaaayyyyy!. Yo de hecho sufrí dos incidentes, más que accidentes. El primero fué en una rotonda. Una mujer en moto cambió de trayectoria -evidentemente sin mirar-, justo en el momento en que yo estaba adelantándola. Yo la vi venir y me agarré al manillar de la bici como timonel en una tormenta. En una décima de segundo estaba en el suelo siendo esquivada por el senso tráfico que en ese momento salía como toro de toriles después de abrirse el semáforo. Unos rozones en la moto y en las manos y nada más. El segundo fué menos "grave". Esta vez era yo quien circulaba en sentido contrario. Era en una calle sin apenas tráfico y realmente iba paseando más que rodando. El motivo de ir por el carril contrario era que del cielo caía fuego y, yo buscaba sombra desesperadamente. Un adolescente que circulaba por el otro carril y en sentido correcto, se marcó una de 180 grados sin mirar. En un abrir y cerrar de ojos lo tenía enfrente dirigiéndose hacia mi directamente y el tipo todavía ni se había coscado. Empecé a gritar: stop, stop, stop! Y efectivamente, hasta que el tipo stopó contra mi. Afortunadamente en el último segundo se le encendió la lucecita de la atención y freno lo suficiente como para que no salieramos dañados ni nosotros ni su moto ni mi bici. Eso sí, el choque fué rueda contra rueda. Yo opté por no moverme porque tampoco tenía clara su trayectoria. Si se me ocurre esquivarle y el tipo me sacude de lado, nos parte en dos a mi y a "Venenito"

Como ejemplo de el caos circulatorio, os muestro abajo un vídeo, ya subido anteriormente, para recordar como se las gastan aquí.


Tengo dos imágenes de motocicleteros grabadas a fuego de la ciudad de Hanoi: la primera era un repartidor de huevos marcándose una diagonal por el carril que circulaba. Tenía la cara desencajada, el cuello tieso como una vela y los ojos más abiertos que los de un buho, y probablemente con un arco de visión camaleónico. La segunda es la de un caradura con la camiseta del Atlético de Madrid marcándose una horizontal con un carrito enganchado a la moto. El tapón que provocó el tiparraco fué antológico. Pero allí nadie protestaba. La gente se arrimaba al hueco sin mirar más que al frente, y el que podía pasar pasaba, el que no, seguía metiendo rueda.


Otra dificultad añadida es que en Vietnam es -creo que imposible- conseguir un mapa detallado de sus carreteras. A esto hay que sumarle que la señalización en las carreteras es pésima, a veces incluso inexistente. Muchas veces escogía la carretera por instinto o por la posición del sol ya que, sabía más o menos a que altura me encontraba y que dirección tenía que seguir. Comunicarse aquí, sobre todo en zonas rurales, es difícil; conseguir información útil y veraz es toda una proeza. Sin duda, hoy en día, si uno renuncia al espíritu de aventura extrema, la opción más acertada es circular con un GPS o un móvil, ya que hay entre muchas y muchísimas carreteras y caminos que no aparecen en los mapas, cruces que tiene más opciones a seguir que lo que aparece en el mapa, mojones que cinco km. más adelante del anterior te señalan más km. a recorrer de los que has visto en el anterior, caminos que según el mapa debieran de ser carreteras y carreteras que debieran de ser caminos. Y así sucesivamente.

Así también, uno no siempre es lo suficientemente rápido pensando, o tiene un mal día, o simplemente está espeso. El primer día que vi la señal de "estación de servicio", la confundí con otra bien diferente que había registrado unos meses antes en este mismo viaje.



Y una que me hizo especialmente gracia fue la siguiente:


La señal de arriba refleja fielmente una pareja de franceses yendo de "pique-nique" al campo. Parece ser que son reminiscencias del pasado colonial vietnamita. Que no caigan las feministas en la trampa de poner el grito en el cielo por ser el hombre quien va delante. Sí, es cierto que el va primero, pero es ella quien le dice dónde tiene que ir. Además, así es improbable que se pierda -voluntariamente, claro-. Comparten tareas. Ella lleva el mantel para el almuerzo y el lleva los bocadillos en la mochila, que ha preparado el solito, eso sí con los ingredientes que ella le ha sugerido y con los que a él le ha dado la gana. También  lleva en la mochila una botellita de vino para empujar el almuerzo. A ella no le gusta, pero no protesta, sabe que es una batalla perdida, así mismo también sabe que la guerra está ganada. Que ahogue en el vinito sus frustaciones si así lo desea. Además, !está tan gracioso cuando se pone un poco piripi!





Resumiendo, este país es toda una experiencia para ser bicicleteado, pero no es apto para cardiacos. El vietnamita te va e empujar para ponerse el delante, te va a pasar para diez metros más adelante pararse allí mismo cerrándote el camino o te lo va cerrando poquito a poco según te vas acercando. Ni siquiera van a mirar para ver como les has librado. Van a lo suyo y van seguir a lo suyo. Te van a robar el espacio, a caerte de cualquier dirección y ángulo, a ponerte de los nervios un día tras otro. Al menor descuido tienes a alguien delante tuyo, y detrás, y a otro atravesado en la carretera. Te vas a encontrar perdido en sus carreteras muchas veces, pero también vas a ver muestras de solidaridad como gente que te guía con su motocicleta durante kilómetros para sacarte de un laberinto o para indicarte el camino que debes seguir. Casi todo el mundo te saluda al pasar por las zonas rurales, a veces demasiado efusivamente. Hay puestos de comida o tienduchas a menudo, son poco habituales las carreteras en las que circules más de veinte km sin poder repostar. En muchos lugares el paisaje es de los que quita el hipo y ese día compensa todas las penurias pasadas hasta llegar hasta esa región, ese valle, ese rinconcito del que en ese momento tú eres dueño y señor.


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