sábado, 11 de abril de 2015

Pedaleando Laos

Pedaleando Laos



Definitivamente, Laos es un país de aldeanos, y esto lo digo en el mejor sentido de la palabra. La población total de Laos es de menos de menos de siete millones de personas, siendo el país menos poblado de la zona. su capital es Vientiane, habitada por poco más de doscientas mil almas. Luang Prabang, la tercera ciudad del país tiene cincuenta mil habitantes, osea, un pueblo grande. El resto de las capitales de provincia en que estuve eran pueblos a secas, ni siquiera grandes, exceptuando Udom Xay, por la que sólo pasé.

Con Venenito por encima de las nubes. Dieciséis km de subida... nada más desayunar.
Lo que tiene el viajar por un país eminentemente rural y que está todavía en vías de desarrollo, es que es posible presenciar una serie de estampas que en mi caso, se remiten a un pasado muy lejano, en el que yo era un niño, o ni siquiera había nacido. Oficios o actividades como el hilar la lana o tejer en un telar se remiten a la biografía de mis abuelos o a la infancia de mis padres.

El oficio de herrero no difiere mucho de lo que le tocó a mi padre y mis tíos en su mocedad. La mayor diferencia es que unos trabajaban de pié y otros lo hacen de cuclillas.
Moliendo grano.
Esta actividad, desgraciadamente sigue vigente en muchos lugares.
¿Qué tal probar con agricultura biológica y comer todos más sano? ... Ah, que no da tantos beneficios!

Unos tienen la fama.

Otros cardan la lana.

Y hay quien hila fino.
El turismo es relativamente reciente en Laos, y nada comparado con su vecino del oeste, Tailandia, donde el turismo es la principal fuente de divisas. El bienestar, está llegando al país pasito a pasito, mientras, los niños se entretienen con camiones teledirigidos mediante una cuerda y con patrocinio de las compañías petroleras. Las goitiberas todavía no han llegado a la edad del hierro, pero corren que vuelan.

Será Repsol, Shell, Petrobras,... ?

Goitiberas con dirección podal.
La gente a veces se sorprende de ver un "farang" -guiri-, en bicicleta. En estos casos, aunque se les salude primero, tardan en reaccionar. Cuando consiguen cerrar la boca por la sorpresa, no hay niño que no salude. Las adolescentes se ríen cuando se les saluda: Sabaidee! ... ji, ji, ji, ji, ji... son muy vergonzosas. Los adolescentes cuando van de machitos no se dignan a saludar, cuando les sale la vena de "falta de riego" o "exceso de hormonas" sueltan alguna tontería a voces y se ríen todos en grupo. Qué época más triste de la vida. Nada nuevo sobre la faz de la tierra en ese aspecto, aquí, allí y acullá, como si fueran una fotocopia.
Los más curiosos son los adultos. Cuando te ven llegar con la bicicleta y coincide que están con un niño pequeño a su cuidado -cosa bastante habitual, ya que es el país de la zona con mayor índice de natalidad, 3,1-, siempre de los siempre saludan, eso sí, por medio del niño. Le agitan la manita de lado a lado, al estilo casa real española, mientras le sujetan con el otro brazo, dando la impresión de ser los pobrecitos muñecos de ventrílocuos. En estos casos los adultos me recuerdan a los txakur-kume parlantes del País Vasco. Hay una impresionante cantidad de gente que solamente habla euskera a los perros o a los niños. Como saben que ni unos ni otros les van a corregir si dicen algo mal, hablan sin pudor, y en muchos casos correctamente. Desde luego... mejor esto que nada.

Los pasatiempos nacionales son el karaoke y la petanca, regados ambos con generosas cantidades de cerveza "Beerlao", la única de este país socialista, que por cierto, está riquísima y que, por cierto, pertenece a Pepsico.
Los laosianos tienen un timbre de voz considerable, y cuando están pimplaos, no hablan, directamente gritan. Si eres extranjero y no les entiendes cuando hablan en laosiano, gritan todavía más fuerte, a ver si así... Como los malayos, tailandes y guipuzcoanos, los laosianos son muy curiosos. Generalmente, cuando están en grupo, se van sin despedirse. Como no te enteras de la mayoría de las cosas que suceden a tu alrededor, de repente te encuentras sólo, medio mamao en un bar de petanca con las bolas en la mano, y sin saber a ciencia cierta si lo que realmente ha ocurrido es fruto de tu etílica imaginación o está realmente ocurriendo.

En Laos, la mejor forma de orientarse y saber por donde va la carretera, es siguiendo el tendido eléctrico.
Laos es un país montañoso. En el norte hay etapas donde la palabra llano no existe; o subes o bajas. En una etapa de 90 km., es probable que no se llanéen ni 5 km. Son por lo tanto, muchas de ellas, etapas duras, pero lo compensa la belleza de su paisaje, el cual, se aprecia mucho más alegremente bajando.


Al haber montañas aquí y acullá, hay agua por doquier, con lo que no es necesario llevar mucha en la bicicleta, reduciendo así el peso del equipaje.


Laos es una república socialista de libre mercado, resumiéndolo: la tierra y el poder pertenecen al estado, que no al pueblo. Osea, pertenecen a los que están en el gobierno que vaya usté a saber como han llegado hasta allí arriba y quien es capaz de bajarlos. Y lo de libre mercado es, sálvese quien pueda. Vamos, que en todas las casas cuecen habas, y cuando digo en todas,me refiero a todas.

Hay muchas empresas estatales que son las que monopolizan los sectores estratégicos, y también paises que participan en ellas o las tutelan. Aquí, así como México -tan lejos de Dios y tan cerca de los EEUU-, los laosianos tienen a China, que es su Gran Hermano. Cuando China estornuda, el sudeste asiático se resfría.

Al ser un país socialista, la falta de recursos está también socializada. No se ven grandes excesos, y cuando los hay, suele ser de chinos residentes en el país. No hay mendicidad en la calle y, al menos da la impresión de que todo el mundo tiene para echarse unas cervecitas de vez en cuando. Vamos... que se les ve felices.


Así como se ve felices a los cicloturistas que me encontré en Laos. Ni mucho menos todas las carreteras están asfaltadas, incluso las que en el mapa aparecen como asfaltadas, no siempre lo están completamente. Hay etapas que pueden resultar duras por la orografía del terreno y el polvo que levanta el resto de los vehículos en carreteras sin asfaltar, e imagino que si ha llovido -en mi estancia en Laos no me llovió ni un día-, imagino que el barro podrá ser un problema en ciertos tramos. Pero exceptuando estos tramos, pedalear por Laos es todo un privilegio. El tráfico es casi inexistente, y los conductores son bastante respetuosos con los ciclistas. Debido a los baches que hay en algunos tramos de carreteras, hay que estar alerta al descender los puertos para que las alforjas no pasen sobre tu cabeza, pero esto le da más emoción a la bajada.

En etapas de curvas, que en el norte son todas,al no haber visibilidad, los vehículos pitan antes de coger una curva, y según se va cerrando la curva, van invadiendo el carril contrario para tomarla con más velocidad. Como hay tan sumamente poco tráfico, juegan con la ley de posibilidades "como casi nunca pasa nadie, es difícil que justo en ese momento pase, y van con toda confianza". Pero... a veces coinciden en la curva. Accidentes no he visto, pero enderezamientos de rumbo en el último momento, he podido presenciar unos cuantos, y el aire que corre entre vehículos, es como el de un suspiro.

Hasta ahora, de los tres paises por los que he pasado, el mejor con diferencia para pedalear, y así como en los anteriores, al ser los robos casi inexistentes, se puede dejar la bici, incluso sin candar en casi cualquier lugar y con toda confianza, algo que se agradece mucho sobre todo cuando se viaja sólo.

Animaos a publicar comentarios sobre los artículos. Se agradece poder leeros a vosotros también de vez en cuando.

1 comentario:

Jose Costas dijo...

Cada vez que entro en el blog me ataca un mal de envidia absoluto, primero por como cuentas las gentes y los paisajes y luego recordando los dias pasados juntos. Las imagenes de lugares tan lejanos para nosotros se nos acercan de la mano de alguien reconocido que las esta respirando, gracias amigo y...
¡Buen camino!