viernes, 24 de abril de 2015

Good morning, Vietnam

Good morning, Vietnam

Las cosas en Vietnam ya no son lo que eran. Después de mi experiencia en Laos y de ver esté botellín de agua, comprobé para mi estupor y alegría, que los asiáticos de este lado no son ni un poquito rencorosos. A pesar de Laos haber sido bombardeado sin descanso durante nueve años por los EEUU sin preocuparse mucho de objetivos militares o civiles, a pesar de meter sus narices y sus marines en Vietnam en una guerra en la que, aunque ganadores, los vietnamitas se llevaron la peor parte ya que fué en su tierra, la gente no guarda rencor a los estadounidensenses. Parece ser que ahora su animadversión está dirigida a los chinos, que curiosamente, junto con otras repúblicas socialistas, fué quien les echó un capote en la famosa guerra. Dios cómo está el mundo, que lo paren que me bajo, que diría Mafalda.

Pero una cosa es no ser rencorosos, y otra ser gilipollas. Es habitual ver camisetas, chanclas, gorras, y otros artículos con la bandera de los Estados Unidos e incluso, como en la camiseta que luce el mozo de la izquierda, en algunos productos se puede leer la leyenda de "U.S.Army". Y yo,
sinceramente me pregunto, "¿quién ganó la guerra?".
Vietnam es un país socialista si tenemos en cuenta que hay una dictadura de izquierdas y el sistema electoral es cerrado. Se presenta quien El Partido ha decidido y es o son los únicos que pueden ser votados. Para todo lo demás, "Master Card"

De todas maneras los vietnamitas son los que tienen más sangre de la región, para lo bueno y para lo malo. La gente es la más extrovertida de los paises que he visitado hasta ahora. En la carretera es habitual que te saluden, sin distinción de edades además. Normalmente el saludo es amable, aunque muchas veces roza lo grotesco, con sonidos guturales, muchos de ellos, desconocidos para mi, y a un volumen que  tiemblan los cristales de las ventanas. Si este tipo de saludo-festivo te lo hacen desde un vehículo justo cuando están pasando a tu altura, te acuerdas durante un rato de la familia próxima y lejana del saludador.

Por norma hablan a gritos. Además, como el resto de las lenguas de la región -excepto el malayo-, las palabras son monosilábicas en su gran mayoría, con lo que todavía resultan más estridentes las conversaciones. Si están regañando a un niño, el sobresalto para el occidental de a pie puede rayar en el infarto.












El primer día de bicicleta en Vietnam transcurrió por unos preciosos valles alfombrados de arrozales y coronados por gigantescas torres de piedra caliza. Todo un regalo para los sentidos.




La zona se encuentra en un lugar alejado de las principales rutas, con lo que, estaba muy poquito transitada. Los habitantes de los poblados eran en su gran mayoría indígenas, lo que lo hacía más interesante.




Este primer día llegué derrotado a destino. No me explicaba porqué, ya que la etapa no era especialmente dura. Lo achaqué a que el día anterior había estado bebiendo licor de arroz con unos locales que me invitaron a cenar y, talvez, debido a la falta de costumbre, la bebida me había afectado más de lo habitual. Los últimos kilómetros, a pesar de ir a tope, no conseguía subir el cuenta-kilómetros de los dieciocho kilómetros por hora. Al día siguiente, haciendo una revisión a la bicicleta, me di cuenta que me había quedado sin pastilla en el freno de atrás, y el freno se me había bloqueado. Por fin tenía una explicación convincente a la no-pájara del día anterior. Al revisar los frenos, vi que el de delante estaba también en las últimas, aún así, hice una etapa más solamente con el freno delantero.


No hubo manera de conseguir unas nuevas pastillas y mis planes de ir hacia el norte se vieron abortados, ya que cuanto más avanzase, más difícil iba a ser encontrar los recambios, con lo que, me cogí un autobús a Hanoi . "Venenito" viajó de pié en el pasillo del autobús.

Y llegué a la caótica Hanoi.


Donde aproveché para cortarme el pelo y comprobar que los perros de los peluqueros son muy sufridos.




En un principio ni pensaba pasar por Hanoi. Casi siempre intento evitar las grandes ciudades, ya que no aportan demasiado para el esfuerzo que requiere moverse por ellas, además, cada día están más estandarizadas. Los precios de casi todo son más elevados, y la gente suele estar más alterada en ellas. Hanoi en cambio me encantó.
Sus calles son caóticas hasta decir basta, además existe ese ir corriendo a todas partes, pero tiene un nosequé que engancha.

videoEl pasear por sus calles es estresante, ya que coches, bicis, peatones y sobre todo motos, invaden cada metro cuadrado de la ciudad. Cruzar una calle es toda una aventura, mejor dicho, caminar es toda una aventura, ya que las aceras también están invadidas por comerciantes, vendedores ambulantes, terrazas de bares y pequeños restaurantes. En la parte antigua no hay manera de recorrer más de quince metros seguidos sobre la acera, hay que bajar al asfalto, pero cuidado porque es una auténtica jungla. Cuando uno se habitúa al caos reinante, la sensación primigenia de peligro "casi" desaparece, y pasear llega a convertirse en un juego de esquivar "cosas" que se mueven. La norma en Hanoi es que no hay norma. Allí se pasa por donde hay espacio suficiente para pasar; si no esquivas, serás esquivado.
Es una ciudad con un montón de vida y también con lugares tranquilos donde pasear y poder perderte. Tiene una oferta cultural lo suficientemente interesante como para estar unos días entretenido visitando monumentos, museos y demás y, además, dejarte algo para la próxima vez.
Unas imágenes de Hanoi para poder entender lo que cuento arriba. Las cuelgo en formato pequeño, pero ya sabéis que pinchando sobre ellas, aparece el album entero en formato grande.












Y aunque Hanoi está invadida literalmente por las motos, también es la ciudad de las bicis.








Desde Hanoi aproveché a viajar al norte, en concreto a la zona de Sa Pa, donde pensaba ir en bicicleta, y también a la bahía de Halong, donde en un principio ni siquiera pensaba ir. Todo esto, os lo contaré en el próximo artículo.


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