domingo, 1 de marzo de 2015

Mujeres-jirafa

Mujeres-jirafa

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Aldea karen de las mujeres-jirafa

Mae Hong Son es la capital de la provincia que lleva su mismo nombre. Se encuentra en el noroeste de Tailandia, y en su parte oeste y norte, bordea con Myanmar, antigua Birmania. Esto la hace de alguna manera especial, ya que en las montañas que dividen los dos paises hay tribus que llevan siendo perseguidas décadas por el gobierno birmano. La zona pues, lleva en conflicto décadas, siendo hoy uno de los puntos calientes de la geografía birmana, la cual, tiene unos cuantos. 

En el lado tailandés hay varios campos de refugiados, donde viven miles de personas esperando un día volver a su país, y sobre todo, el ser ciudadanos de derecho. No pueden ir a Myanmar por ser peligroso para ellos, al estar sus etnias perseguidas. En Tailandia son ciudadanos de tercera, que necesitan un permiso especial para poder desplazarse por el país. Carecen de pasaporte y a veces de todo tipo de documentación con lo que, son personas que, simplemente no existen. 

Atracción turística camino a la aldea padaung.

La etnia mayoritaria son los Karen, y el grupo armado denominado Unión Nacional Karen lleva luchando por los derechos de su pueblo desde 1949. Las mundialmente conocidas mujeres-jirafa, pertenecen a los Padaung, una de las tribus Karen.

Entrar en un poblado Padaung, es entrar en un campo de refugiados, pero evidentemente muy especial. Para entrar al pueblo hay que pagar un ingreso de 250 baht, que al cambio vienen a ser unos 6 euros. Las mujeres jirafas regentan puestos de artesanía y es de ahí de donde obtienen la mayor parte de sus ingresos, así como de un fijo mensual que la organización les entrega. Gran parte del dinero de la entrada va a parar a las arcas del gobierno tailandés, y es por este motivo por el que se les permite el ejercer una labor comercial, ya que su estatus es el de refugiados. Parece ser que otra gran parte del dinero de la entrada, se destina a sustentar económicamente a la Unión Nacional Karení.




La impresión que puede dar al entrar en un lugar así donde todos los turistas se dedican a sacar fotos a estas mujeres, es que se trata de un zoo viviente. Yo por mi parte me negué a pagar entrada y pude pasar, aunque más tarde me obligaron a abandonar el lugar donde se encuentran estas mujeres. Entre tanto tuve oportunidad de darme una vuelta por el pueblo y alrededores con la bicicleta, y a estar un buen rato charlando con una de ellas, Mae We. La chica hablaba un inglés bastante fluido, aunque me confesó que no era capaz de escribirlo, ya que lo que sabía, lo había aprendido a base de hablar con los turistas con quien trata a diario. Me pareció una persona muy inteligente pero, al tener las alas cortadas por la situación que la ha tocado vivir, pude entrever una gran frustración por ser consciente de la persona que puede ser y no es . Según me contó, ella había decidido colocarse los aros voluntariamente, ya que parece ser que ninguna de ellas está obligada a hacerlo. Sí es cierto que ya desde niñas se les coloca a algunas de ellas, pero parece ser que es voluntario el seguir con la tradición, de hecho, muchas de las mujeres de la aldea no los "visten".

Mae We





Ellas, evidentemente, son conscientes de los problemas físicos que esta práctica conlleva, de hecho, nadie mejor para saber sus efectos.
Al parecer, cada cierto tiempo pasan una revisión médica lo cual, teniendo en cuenta su situación de refugiadas, no está nada mal. Incluso, un médico belga estuvo en la aldea durante tres meses conociendo mejor su situación y aconsejándolas.


Según Mae We, es también una cuestión de tradición, aunque esto último me sonaba más a discurso aprendido, que a algo en lo que realmente creyera. El caso es que ser mujeres-jirafa, les permite tener un estatus superior a lo que sería un refugiado "de a pié". Les permite tener una estabilidad económica que muy pocos en su situación pueden permitirse y esto invita a que cada vez haya más mujeres en la tribu que eligen colocarse los aros. Si estas mujeres no tuvieran problemas económicos, o políticos, probablemente sumados a presiones exteriores, habría que ver cuantas de ellas se los colocarían.














Las fotos superiores corresponden a madre e hija. Fijaos en las medias que viste la madre. Y es que la tradición no está reñida con lo valiente. De las chanclas y calcetines me abstengo de opinar.

Sobre las mujeres-jirafa hay un montón de información en la red. Se especula por qué comenzaron a ponerse los aros, se especula sobre donde va el dinero que se paga por la entrada a los poblados, se especula sobre si colocarse los aros va en contra o no de su voluntad, el caso es que parece que no hay nada claro sobre nada. Y es que es como casi todo... de lo que te cuenten, lo que te quieras creer.

Aquí van algunos de los enlaces:

https://unaespanolaenparis.wordpress.com/2010/10/19/las-padaung-mujeres-de-cuello-de-jirafa/

http://www.elmundo.es/larevista/num111/textos/jirafa1.html

http://www.diariodeavisos.com/2012/05/padaung-la-esclavitud-de-las-mujeres-jirafa-viajes-insolitos-i/

https://contributechaos.wordpress.com/2015/01/02/the-longneck-kayan/

Y para quitar un poco de hierro a esta incómoda situación, veamos algunos ejemplos que podemos encontrar en nuestra sociedas:



Desde luego este blog, está alejado de ser algo serio. Es una pena, ya que ganaría en credibilidad, pero perdería frescura, que es otra cosa muy difícil de conseguir. Espero al menos que a la vez que abrís un poquito la puerta al mundo, aflore una sonrisa en vuestra boquita de piñón.

La próxima entrega será en breve... y si la situación da lugar, incluso será irreverente.



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