domingo, 22 de febrero de 2015

Vuelta a la carretera


Esa montaña que veis al fondo casi me quita el pellejo esta mañana. Aquí el llano brilla por su ausencia, y aquellas jornadas de cien y más kilómetros, son agua pasada. Hoy he hecho 68 y he llegado que todavía me están temblando las canillas. Mañana afortunadamente sólo son 44 los que he de recorrer, pero ya sé que tengo que pasar un puerto con un desnivel de casi 600 metros, que me huele me va a dejar sin aliento. El puerto diríamos que es la parte más dura, pero si el relieve es de sube y baja constante, lo del puerto casi que queda en una anécdota.

 Me he trasladado de una ciudad llamada Mae Hong Son (Mari-con-són, como regla mnemotécnica) a un pueblecito llamado Pang Ma Pha (de éste no he hecho regla mnemotécnica). El caso es que me ha gustado mucho Mae Hong Son, donde me he quedado seis días, pero el tiempo apremia y tengo que seguir camino, ya que en diez días tengo que salir de Tailandia porque me caduca el visado.

Os mando unas fotos de la ciudad para que vayais haciendo hambre, pero me reservo para el próximo las más apetitosas.

Peña del Athletic en Mae Hong Son.


Templo chino-budista. Aquí la comunidad china es bastante grande... bueno, donde no.. Pero aquí que estamos a escasos 300 km de la República Popular China, la inmigración se remonta a los tiempos de Mari Castaña.




Aluciné un poquito con el montón de personal que estaba trabajando en la obra. Todos bien juntitos, haciendo una cadena. Donde hay más mano de obra que máquinas, los métodos de trabajo cambian.



Imágenes del mercado de la ciudad, aunque podrían ser de cualquier otro lugar de Tailandia.







Visitando este templo que se encuentra en un monte en lo alto de la ciudad, estuve reflexionando sobre una idea.

A los de aquí nos llama mucho la atención ver a un monje budista, todo vestido de naranja, y ya ni os cuento una decena de ellos, algunos con tablet en la mano, como me encontré a los pocos días de llegar en la ciudad malaya de Malaca, pero ahora incluso nos llamaría la atención ver a una decena de curas vestidos con sotanas.


Y la reflexión es la siguiente: si España fuera un país budista, las bombonas de butano serían negras?
Me gustaría que trabajaseis esta idea cada vez que veais una bombona de butano, que será más fácil a que veais un cura con sotana o un monje budista de impecable naranja.


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